Le
encantaba sentarse en un banco,para contemplar a todos aquellos que
pasaran ante ella, y así descubrirlos en su caminar.
Unos con prisa,
impulsados por el estrés
del día a día, agotados. Otros despacio, y encerrados en su música,
pero con ganas, disfrutando del camino hasta su meta. Otros, con
pasos que probablemente, habían perdido su rumbo hacía ya mucho
tiempo. Otros tantos, iban acompañados, solo deseaban, que al poder
ser, la calle no se acabara nunca y que pudieran seguir caminando al
lado de esos pasos,mucho tiempo. Y los últimos, los últimos,
caminaban de una forma especial, rítmica, viviendo un poco de
utopía,y otro poco no.
Pero
todos caminaban, todos, excepto ella. Porque si tuviera
que caminar de algún modo, caminaría hacia atrás, sin saber lo que
le espera, sin entender hasta dónde, pero sí con quién.

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